Things to do when you are turning 30

EwS — EwS @ 2:17 am

El juego es un horror. Los gráficos y el sonido son los de hace 20 años y los movimientos torpes, lentos, casi insultantes. Para colmo nadie te ha dicho de que va la historia y empiezas a sospechar que estas perdiendo el tiempo moviendo un muñequito de mierda por la pantalla cuando se te enciende la luz que hace pillar la metáfora….. Son pocos los que terminan los cinco minutos exactos del juego sin esbozar una lágrima…

Jason Rohrer terminó de programar Passage el día antes de cumplir la treintena. Siempre afirmó que no hubiese sido capaz de crearlo sin tener la experiencia y la madurez propias de sus canas, sin haber sido padre y sin haber encontrado a la mujer de sus sueños. Su juego simula una existencia virtual condensada en los que guiaremos a un personaje desde su juventud, su encuentro (o no) con su pareja hasta su inevitable envejecimiento y muerte. Los problemas de su vida se representan como un laberinto lleno de tesoros, sorpresas y decepciones a los que muchas veces no podrá acceder por estar pegado (literalmente) a su familia. Passage es enteramente subjetivo y solo la explicación (en inglés) que da el autor gana en belleza al juego.

Descubrí passage encerrado en casa en unos de estos días en los que California no parece California y la lluvia y el viento (y las riadas calle abajo que se forman en San Francisco a la mas mínima) te piden que te quedes en casa abrigadito con la manta: a un lado mi ventanal hacia una pared de nubes grises y al otro la chimenea puesta, el gato durmiendo encima y la radio de fondo. Buscaba información sobre nosequecosa cuando me topé con este artículo en una esquina del WSJ (si, ese mismo) iluminado por gráficos inusualmente característicos de décadas pasadas. En el ambiente sonaba Belle and Sebastian y las música que antes me parecia medianamente divertida se tornan lúgubres en cuanto uno habla el inglés mínimo para entenderlas. Uno sabe de sobra que cuando en casa suena Belle (o cualquiera de las playlists que Justine usaba en ese programa de radio depresivo que dirigía hace años y que aún le hace recibir cartas de presidiarios), las cosas no van demasiado bien por su cabeza.

Le mostré Passage se refilón, en su ordenador y a los cinco minutos tenía la mirada vacía hacia las nubes grises de la ventana. Su educación (mitad culpa judía, mitad esa moral Weberiana tan delicadamente americana) choca frontalmente con lo que la vida le ha puesto delante y le ha creado la crisis de identidad más fuerte que he visto en mucho tiempo. Cada vez que volvemos de Europa y puede separarse un tiempo de su realidad (y entender formas de vida diferentes) se le remueven las causas por las que hace demasiado tiempo no consigue encajar algunos trozos de su día a día. Mi aparición le supuso una manera diferente de percepción de la realidad y un bloque de estabilidad que contrasta con el efecto que en ella ha tenido la desaparición de sus dos mejores amigas (cada una de ellas en una parte del globo) y su entrada, a trompicones, en la edad adulta. Sus ojos, afortunadamente, empiezan a mostrar el vértigo que reconozco haber tenido antes de hacer los bártulos y la oportunidad de recomenzar conmigo en la otra parte del mundo empieza a venirle como una respuesta y una tabla de salvación y desde la decisión no para de mejorar en mi idioma e interesarse por aspectos culturales que antes le pasaban desapercibidos y sus preguntas a los muchos amigos (muchos de ellos americanos expatriados) que visitamos en Europa empezaban a deslizarse por las cuestiones más prácticas del día a día que a las más aburridas y transcendentales cuestiones usadas para llenar el espacio de cuando no se sabe muy bien que preguntar.

El otro lado de la moneda soy yo. Hace unos días me sorprendía viendo un par de articulítos con fotos de varias empresas de Internet más o menos glamourosas; en la parte destinada a Craigslist salía un par de fotos que hace tiempo saqué del sitio donde trabajo, media para enseñarlo a mis amigos media para probar la nueva lente de 10mm que por aquel entonces acababa de comprarme. La visión de la mesa donde paso tanto tiempo, de los comentarios que generó y del marco donde se situaba me dió un golpe de realidad que me dio que pensar en lo que estoy consiguiendo y haciendo con mi vida y el significado que tiene haber hecho los bártulos y dejarme la cabeza en lo que parecía ser la opción aparentemente menos glamourosa de cuantas se me presentaban.

Me quedan muy poquitos días para entrar en la treintena, la cabeza la tengo llena de canas y como muchos con mi edad he pasado los últimos días ordenando viejas fotos para darme cuenta que he arrastrado mis huesos por demasiados sitios hasta descubrir en el espejo que por las mañanas me despierto con la sonrisa puesta. No es casualidad que cuando me llegara el tiempo no me volviera, ni mis ganas de quemar las velas de los barcos, ni la sensación de llegar a casa cada vez que aterrizo aquí, ni cada una de las pequeñas acciones que (propias o impuestas) me fueron moviendo hacia la sonrisa que ahora me persigue en el trabajo, en la comida y en mis conversaciones con los vecinos de los preciosos barrios donde vivo y curro. Las ganas de crear y revolver que había tenido desde muy pequeñito que han hecho que más de uno me pusiera de culo inquieto se han ido transformando en una dulce pausa y unas deseo de que todo siga igual durante mucho tiempo que simbolizan una curiosa forma de recompensa inesperada.

Cuando era pequeño y no levantaba dos palmos del suelo tenía un vecino que no paraba de darme consejos de vida en el tiempo que tardaba en subir en ascensor. Yo generalmente asentía con la cabeza ignorando lo que decía, deseando llegar a mi piso, pero en mi cabeza se quedó grabada una vez que dijo que los 30 era la edad en la que debería evaluar mi vida ya que lo que viera en ese momento en el espejo sería lo que (mas o menos) contemplara el resto de mis días. Los 30 es la edad en que dejas de cambiar y te asientas y he tenido la suerte de llegar a donde estoy en el momento más dulce de mi vida. Como el autor de Passage, he tardado tres décadas en ser capaz de echar la vista atrás y entender el valor de lo que tengo, en disfrutar de una manera diferente de la amistad, del trabajo, de lo que consigo, de mi pareja y del tiempo que paso a solas de una forma que no hubiese sido capaz hace unos años. A lo mejor (solo a lo mejor) la crisis de los 30 no es tal crisis y solo es una forma mejor de entender la vida, de situar las cosas en su sitio, de dejarse de mover y de sentarse en casa calentito mirando en el reflejo de la ventana lo que uno va a ser durante el resto de sus días.

Links:

Passage, para Linux, Mac y “eso”.

7 Comments »

  1. Muy poético (y bonito) el post. No te asustes por los 30. A mi me pillaron cruzando el Adriático en un velero y pensé que la vida no podía ser mucho mejor. Me equivoqué.
    Sigue con la sonrisa puesta.

    Comment by Ángel — March 3, 2008 @ 3:07 am
  2. Muy bueno el post, sí señor.

    Hombre, yo no estoy de acuerdo con lo de que a los 30 dejes de cambiar, vamos, espero que no.

    De hecho a los 30 estoy notando un montón de cambios, de hecho a los 30 recién cumplidos me encontré con este blog y uno de sus post que bueno.. que fueron la espoleta de un cambio (espero que próximo) bastante importante.

    Ahora a los 31 (de días… que conste) sí que noto lo que ya notaba el año pasado y que tiene mucho que ver con la tranquilidad y la observación de las cosas desde otro prisma.

    Sea como fuere los 30 es una edad tan buena como cualquiera para seguir cambiando (llámalo evolucionar si quieres).

    Hay cientos de artículos, películas, etc… que tratan sobre esta ‘frontera’, que por algo será digo yo.

    Un saludo,
    Juanma

    Comment by Juanma — March 3, 2008 @ 9:49 am
  3. Muy bueno el post. Donde me quedaron a mi los 30 (pues hace dos años casi ya).

    No me arrepiento de haberme mudado a la costa opuesta donde estás tu, pero la verdad, últimamente no tengo la suerte de poder sonreir. Me estan puteando en el trabajo, no me quieren hacer el visado, y encima el otro día me entraron a robar al piso.

    Me gustan tus posts…

    Comment by Miguel G — March 7, 2008 @ 1:26 pm
  4. JAJAJA.. pues para mí la mejor frase del post es esta:
    ‘Passage, para Linux, Mac y “eso”.’

    Desde Valencia, Espanya. Me mola tu blog.

    Saludos.

    Comment by abrilc — March 8, 2008 @ 7:49 am
  5. Me has conmovido… estoy en 28′5 y los 30 no deben estar tan mal ;-)

    Saludos

    Comment by richal — March 12, 2008 @ 4:10 pm
  6. Te llevo leyendo mucho tiempo oculto en la sombra, pero con este post me has tocado la fibra sensible y me he animado a comentar. A mi me quedan menos de 6 meses para cruzar ese umbral y sigo buscando lo que quiero de la vida, pero aún así creo que la mayoría de las veces también me levanto con una sonrisa sabiendo que la vida que estoy viviendo es la que quiero vivir.

    Saludos!

    Comment by Ignacio — March 13, 2008 @ 9:01 am
  7. Passage…

    Passage (pasillo) es un juego particular. No es un juego normal. Para empezar, no sabes de qué va. Los gráficos, música y efectos son de hace décadas, pero conviene echar una partida (sólo dura 5 minutos) y luego leer lo que el autor ha queri…

    Trackback by Treegom Resurrección — June 6, 2008 @ 6:22 am

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