Historia aleatoria de la cibercultura: Vannevar Bush y su Memex

hackers, historia — EwS @ 9:12 pm

Consider a future device for individual use, which is a sort of mechanized private file and library. It needs a name, and to coin one at random, “memex” will do. A memex is a device in which an individual stores all his books, records, and communications, and which is mechanized so that it may be consulted with exceeding speed and flexibility. It is an enlarged intimate supplement to his memory.

It consists of a desk, and while it can presumably be operated from a distance, it is primarily the piece of furniture at which he works. On the top are slanting translucent screens, on which material can be projected for convenient reading. There is a keyboard, and sets of buttons and levers. Otherwise it looks like an ordinary desk.

Wholly new forms of encyclopedias will appear, ready made with a mesh of associative trails running through them, ready to be dropped into the memex and there amplified. The lawyer has at his touch the associated opinions and decisions of his whole experience, and of the experience of friends and authorities. The patent attorney has on call the millions of issued patents, with familiar trails to every point of his client’s interest.

Vannevar Bush, “As We May Think“, 1945.

Las artes encuentran sus mejores formas de expresion en los extremos. Son varios los artistas que consideran que la “forma es liberadora” o que las limitaciones pre-impuestas impulsan el proceso creativo. La ausencia total de restricciones, de cultura preimpuesta o de educación que haya previamente modelado la forma de ver el mundo es así mismo una forma liberadora y nueva de ver la realidad (son continuas las alegorías a la apreciación de la realidad con los ojos de un niño o la necesidad de “nacer de nuevo” en filósofos de las últimas centurias).

En ciencia y tecnología, cuando no tenemos referencias para apreciar el mundo es común por un lado un florecimiento de la creatividad empujado por la necesidad imperiosa de solucionar un problema concreto de una forma pragmática y empírica. Es común que durante las primeras fases de investigación de un problema o una idea florezcan soluciones originales y radicales (no limitadas por las visiones siguientes e imperantes de la solución) y que cualquier ruptura con conceptos preestrablecidos suponga una mejora liberadora en criterios de efectividad y diseño (la mitad de la audiencia pensará en el iphone, la otra mitad en LISP). Es común también que en presencia de problemas similares a lo largo de la historia, se repitan las mismas soluciones e ideas, (refinadas y perfeccionadas con el avance de la tecnología) muchas veces sin que los autores de las mismas hayan tenido consciencia de la existencia de sus antecesores.

Hace un par de semanas hablé de Paul Otlet, un biblitecario belga de principios del siglo XX que practicamente dio forma mental a lo que décadas más tarde sería Internet, los motores de búsqueda con indices inversos, la wikipedia o las redes sociales y que pese a las limitaciones técnicas de la época puso en marcha un servicio comercial de acceso remoto a la información que estuvo funcionando hasta que los nazis destruyeran su trabajo para ocupar el enorme edificio con motivo de la instalación de un museo alegórico al Tercer Reich. Las mismas ideas siguieron apareciendo aproximadamente cada década de la mano de visionarios como Vannevar Bush, Douglas Egelbart o Ted Nelson hasta que Tim Berners Lee (quien a su vez llevaba más de 10 años sin éxito trabajando en su propia y personal versión del hipertexto en el llamado proyecto ENQUIRE, más cercano a un wiki que a un conjunto de páginas webs) sacó lo que muchos denominaron una versión descafeinada de las ideas que habían rondado por el imaginario colectivo desde principios de siglo (”la peor implentación posible” y “broma elaborada” como llamó mi querido Clay Shirky al proyecto de Berners Lee hace unos 10 años)

La caida del proyecto de Otlet, dijimos, propició la mayor publicidad del trabajo de pioneros anglosajones (o trasladados a los Estados Unidos) como Alan Turing (creador de la moderna ciencia de la computación, la algoritmia, la inteligencia artificial y recordado diariamente en el logo de la compañía Apple), Von Neumann (padre de la arquitectura imperante de computación, el constructor universal y las máquinas autoreplicantes (que el que subscribe espera que sea la solución a la exploración espacial) copadre de la teoría de juegos y el proyecto Manhattan y “culpable” del éxito de la los sistemas imperativos de programación) o Vannevar Bush, que tomó el relevo de Otlet y “redescubrió” Internet, los motores de búsqueda y la edición colaborativa a distancia varios años después de que Otlet de la caida del proyecto europeo.

Vannevar Bush (que no tiene relación alguna con ningún dirigente analfabeto, extremista religioso y esquizofrénico) es conocido en EE.UU. tanto como el padre intelectual de las relaciones universidad-gobierno-aparato militar en materia de investigación que desembocó en el proyecto Arpanet como por ser jefe de los esfuerzos de investigación armamentística durante la Segunda Guerra Mundial. Educado en el MIT (en el que entró a la tardía edad de 29 años) trabajó en los primeros ordenadores analógicos en la década de los 30 que básicamente eran copias del motor diferencial que el inglés Charles Babbage y Ada Lovelace (la primera programadora de la historia) habían intentado construir sesenta años antes.

Durante esa época y durante 10 años, anotó todas sus ideas en una serie de escritos que serían sinterizados en un artículo para la revista The Atlantic Monthly en 1945 (un añito de nada antes del Enicl, el primer ordenador programable) llamado “As we may think” en el que se describía al Memex, o “memory extender” un dispositivo para la clasificación y el manejo de la información destinado a mejorar las capacidades de procesamiento del cerebro humano y de colaboración entre personas alejadas remotamente.

El Memex era una ficticia máquina con diferentes dispositivos de entrada (un teclado y una pantalla táctil traslúcida) destinado a la visualización de documentos de una librería, almacenados en forma de microfilms y enlazados unos con otros bidireccionalmente de manera semi-hipertextual. El sistema permitiría al usuario sentarse en una enorme mesa por la que mediante un sistema de cadenas y relés podría acceder al contenido de microfichas, buscar dentro del contenido de las mismas, seguir los enlaces de una ficha a otra y añadir comentarios a documentos ajenos (como los blogs), crear nuevos documentos o alterar el orden de enlazado de los documentos existentes (cada documento tenía un identificador como nuestro URI actual y el proceso de cambiar el enlazado se basaba en la comparación de documentos en dos visualizadores diferentes y la escritura de ese identificador debajo de cada documento de forma doble -orígen y destino-, algo asi como esos libros de “elige tu propia aventura”). El sistema así mismo tenía un equipo para la creación de nuevos documentos en microfichas y permitía ademas que los antiguos pudieran extraerse, guardarse, copiarse, y enviarse a otros memex con fines de discusión. Es de notar que Vannevar prefirió conscientemente y análogamente a Internet un sistema de enlazado sencillo sin preclasificación de contenido que permitiera crear documentos rápidamente, dejando el problema de la búsqueda como algo que debería resolverse con en análisis posterior del texto.

La obsesión de Bush al diseñar el Memex era la pérdida del poder generalista de la mente humana. A mediados de siglo ya era evidente que los humanos íbamos especializandonos cada vez más y que era imposible ser un generalista en el sentido Aristotélico de la palabra. Memex tenía la capacidad de registrar nuestras accione como rastro de nuestro proceso deductivo y de nuestra propia curiosidad (algo que todos experimentamos cuando navegamos la wikipedia sin rumbo) para que otros investigadores pudieran reproducir nuestras acciones e intentar inferir conocimiento diferente y complementario al que hayamos podido adquirir. Era a todas luces una especie de del.ici.os o google history primigenio. La idea de la almacenación obsesiva de cualquier dato con fines de análisis y creación de nuevo conocimiento no era nueva tampoco, Richard Buckminster Fuller estuvo anotando su vida completa desde que cumplió 20 años (en 1915) hasta su muerte en 1983 en intervalos de 15 minutos conteniendo cartas, escritos, objetos encontrados y hasta tíckets de la compra. El Dymaxion Chronofile (que es el nombre que recibe el enorme archivo de 80 metros de longitud y que resulta ser el archivo más completo sobre la vida humana) puede ser consultado en la biblioteca de la Universidad de Stanford.

La tecnología que Bush soñó puede parecer el hipertexto que a todos nos resulta familiar. Pese a que el Memex fué la inspiración directa de los pioneros de las siguientes décadas, su sistema era bastante básico y carecía de características tales como el enlace por unidad de información (los enlaces eran de documento a documento, no originados en palabras, frases o imágenes). Vannevar tuvo una función más de inspirador o visionario (a lo Julio Verne o Arthur C. Clarke, creador intelectual de los satélites artificiales o el ascensor espacial) que como creador o ingeniero.

El problema básico del Memex fué que la información no se almacenaba en forma digital y que por lo tanto hacía muy difícil los sitemas de búsqueda, copia sin errrores o modificación. Cuando “As we may think” se publicó aún faltaban tres años para que mi querido Claude Shannon (uno de mis hérores -que necesitaría un post para él solo-, que no solo iba a currar montando en moniciclo, sino que se hizo millonario mezclando teoría de juegos con póker en Las Vegas) inagurara el campo de la teoría de la información que décadas más tarde permitiría cosas como los codecs de compresión o el acceso DSL. Ante esa dificultad teórica, Bush no fué el primero en proponer el uso de microfilms para almacenar y alterar el conocimiento humano, Otlet se basó en ese sistema en su Mundaneum y a finales de los 30 (a la vez que Bush esbozaba sus ideas sobre el Memex en cuadernos), el escritor H.G. Wells propuso el Cerebro Mundial o Enciclopedia Permanente, enciclopedia autoeditable dedicada a la formación y que a su vez usaba un sistema de microfilms para replicar información y enviarla a distancia. Wells, como muchos de sus coetaneos, intentó sin éxito que La Liga de las Naciones financiara su idea.

El fracaso de Bush no fué tal. El mayor éxito de “As we may think” fue su propia aparición, existencia y propagación ya que el texto acabaría por casualidad en las manos de un aburrido y joven técnico de radio destinado en Filipinas durante la Segunda Guerra Mundial que acabaría dando forma a las ideas de Vannevar años más tarde. Su vida se enfocó en el objetivo de crear grupos de humanos y máquinas que se autocomplementasen en una espiral positiva de mejora mútua. Su nombre era (es) Douglas Egelbart, redescubriría Internet en los 50 y fracasaría de nuevo. Pero él y el conjunto de cerebros que logró aculumar durante más de una década serían la chispa tecnológica y espiritual que crearía lo que ahora conocemos como Silicon Valley.

Hasta dentro de unos días (cuando pille un rato para seguir con la serie…)

As we may think, articulo original en The Atlantic
Funcionamiento y animación del Memex según el MIT con motivo del 50 aniversario de la publicación del artículo
Sourceforge aloja un estupendo emulador libre del Memex (no iba a ser el spectrum la cosa emulable más vieja)
Memex en la wikipedia
Vannevar Bush en la wikipedia
Trailfire es un intento web2.0 de replicar las ideas del Memex aplicadas a los documentos html
Gordon Bell, de Microsoft Research encontro en el memex la inspiración para su MyLifeBits

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