A principio de los años 50, Kenneth Arrow sentenció el premio Nobel que le fué otorgado en el 72. Los matemáticos, como tienen la bragueta suelta, ganan los premios en económicas y Arrow demostró en el teorema que lleva su nombre la imposibildiad de una sociedad de satisfacer cada una de las actitudes politicas de sus ciudadanos al establecer un orden de preferencias que hace que las minoritarias se ahoguen por falta de recursos/tiempo/interés (aquí hablaríamos del preferential attachment que definen las redes de escala libre o de la regla de pareto -el 20% representa o consume el 80% de los recursos, etc-). Cualquiera que haya visto alguno de los documentales de Adam Curtis (como La Trampa) sabrá que el teorema de Arrow desembocó en formas más y más automatizadas de gobierno suponiendo (naïf-mente o no) en maximizar el beneficio colectivo mediante la simplificación extrema (por teoria de juegos, o por psicología freudiana) de creer que los seres humanos somos entes simples movidos por una serie finita de reglas de comportamiento cuyo comportamiento emergente puede medirse, analizarse, simularse y como es deseable, optimizarse.
Una vez que sabemos que no es posible la satisfacción de todas las demandas políticas englobadas en un grupo poblacional sí que es recomendable al menos el poder maximiizar los procedimientos democráticos para que el conjunto de los gobernantes refleje de la mejor manera posible los deseos e intereses de la sociedad a la que intenta representar. En un mundo ideal el voto absolutamente independiente de todos y cada uno de sus elementos y los procedimientos que permitan la representación de la mejor manera posible consiguiría mapear (alerta palabro) un parlamento a los deseos exactos de su pueblo pero como la historia democrática ha sido un contínuo sistema de ensayo y error dedicado a acercarse lo más posible a este ideal de representación.
Los primeros registro de votos en la democracia ateniense (en el siglo VI a.c.) eran votos negativos en los que la asamblea decidía a quien enviaba al ostracismo y forzaba a un exilio de 10 años. En el siglo XIII los venecianos elegian a los miembros del Gran Consejo mediante un sistema de voto apropiatorio que consistia en que cada ciudadano votaba a cuantos candidatos quería y votaban así mismo al Doge de la república mediante una serie de cadenas de votos en los que el consejo elegido por el pueblo votaba a 30 de entre los aspirantes a Doge, que serían reducidos a 9 aleatoriamente (mediante el método de las bolas de color en una bolsa opaca) que volvian a votar para elegir a 40 candidatos, que serían reducidos a 12, que elegirían a 25, que serían reducidos de nuevo a 9, que elegirían a 45, que se reducirían a 11 que elegirían a los 40 que finalmente votarían quien sería el Doge (los 40 pasaron a ser 41 tras uno de los primeros ejemplos de Deadlock de la historia en 1229. El sistema se mantuvo inalterado desde el siglo XII hasta la caida de la Sereníssima en 1797 y la imposibilidad de alterar este complejo sistema de elecciones (o de influenciar a cualquiera de los participantes intermedios que perdían o recuperaban su derecho al voto) es una de las causas de la duración y estabilidad de la República.
Pese a que Ramón Llul fué el primero en establecer un método riguroso de estudio de los sistemas electorales en su Ars Electionis (donde discutiría mucho de los métodos redescubiertos posteriormente y cuyo manuscrito se descubrió en 2001), la teoría de las elecciones o del voto no sería vista como un campo de estudio hasta la llegada de la Revolución Francesa y la crítica del Marqués de Condorcet al método de Borda usado para la elección de los miembros de la Academia Francesa desde 1770 que consistía en la creación de una lista personal de candidatos por orden de preferencia que recibirían puntos según su orden mayoritario de aparición. Condorcet propuso que cada candidato (que igualemente era votado según una lista personal ordenada) fuera elegido si proporcionalmente había ganado a un numero mayor de otros candidatos, es decir, no que mas gente votó a A, sino que más gente prefiere a A sobre B y C. Condorcet fué el descubridor de la aparición de paradojas no solo en su método sino en cualquiera que se base en listas de preferencias ya que se producen situaciones de paro en el caso de que un número igual de personas voten equitativamente al mismo número de candidatos en posiciones diversas (la mitad prefiere A sobre B y la otra mitad B sobre A) o que aparecen ciclos que encadenen preferencias insalvables (un tercio prefiere A sobre B, otro B sobre C y otro C sobre A).
En el siglo siguiente, Lewis Carroll, tuvo esbozos de la teoría de juegos que Von Neumann daría forma en los años 40 del siguiente siglo al sugerir que los sistemas electorales era un juego de suma cero y que por lo tanto deberían enfocarse (por primera vez) en conseguir la mejor manera de representar proporcionalmente todas las opciones políticas y que se basaba a su vez en la estructura representativa de la Casa de Representantes de los Estados Unidos (representación proporcional al número de habitantes de los estados de la unión). También propuso, publicándolo en forma de panfleto, un sistema de elección de candidatos basados en matrices como mejora del método de Concordet. En paralelo, los sistemas de ganador único seguían su curso tanto como la votación preferencial (donde el votante puntuaba su preferencia por cada uno de los candidatos y que aún hoy en día se usa en Irlanda o Australia) o el método Nanson, donde se realizan iteraciones de elecciones en cada una de las cuales se eliminan los candidatos menos votados. La teoría de juegos y las mejoras en las capacidades computaciones en el siglo XX permitieron un análisis mas riguroso de los sistemas existentes de elección. En los 50 y 60 Maurice Duveger, sociólogo francés, notó que los sistemas de escrutinio uninominal mayoritario (o de mayoría relativa), donde un ganador se lo lleva todo conducen casi inevitablemente (con excepciones como la India, donde existe una red de partidos regionales) a un sistema bipartidista.
El método d’Hontd, que usamos en España es igualito al sistema de representación parlamentaria que propuso Thomas Jefferson a finales del siglo XVIII y que aún se utiliza para muchos tipos de elecciones en Estados Unidos (como las primarias demócratas). No es casualidad que nuestro sistema electoral sea muy parecido a lo que contemplamos en el país americano y donde aquí llaman delegados (variables según la población del estado), en la patria llamamos escaños (variables según la población de la provincia con dos o un escaño “extra” según la localización del territorio). Es un sistema que no supone que cada voto valga lo mismo y que no intenta que el parlamento sea una representación de las preferencias políticas de su población, por lo que muchas opciones políticas y partidos minoritarios reciben un trato marginal.
Las investigaciones actuales en materia electoral son una mezcla de usar estadística y modelos informáticos para intentar mejorar los sistemas de mapeo de las preferencias políticas hacia los parlamentos (que casi todos desembocan en métodos muy parecidos al de Condorcet) y sistemas de votos basados en tecnología como las horribles máquinas electrónicas de voto estadounidenses que tan malísima fama tienen (ojo al video) y sistemas de voto por móvil como las primarias del Nuevo Partido Unificado Democrático de Corea el pasado més de Septiembre.
Los sistemas electorales, como he comentado, intentan (en teoría) complacer al meyor número posible de votantes. Es por lo tanto, una forma de coordinar acciones individuales consiguiendo un comportamiento emergente que beneficie no solo a los votantes que hayan elegido los partidos de la mayoría, sino a toda la sociedad en conjunto. Actualmente estamos contemplando la aparición de sistemas emergentes que, alejados de la política, crean productos capaces de no solo complacer a la gran mayoría de sus agentes, sino de coordinarse para que su resultado sea mejor que el mejor de sus elementos individuales. Un ejemplo claro es la Wikipedia: la herramienta define la calidad de su producto no solo al atraer a un mayor número de editores e invitarlos a complementar la información expuesta, sino al hacer infinitamente más caro una vandalización que la emilinación de la misma (por cualquiera que pase por alli). Internet y las tecnologías nos estan dando patrones que mejoran las capacidades de sincronización y acción colectiva y puede que nos de una pista de mejores sistemas electorales o mejores procesos democráticos. Surowiecki en su Wisdom of Crowds definió que para que una red sea efectiva (más inteligente que el mejor de sus elementos) se tienen que cumplir los requisitos de diversidad de opinión (incluyendo ideas bizarras, inmorales o ilegales) , independencia, decentralización y agregación y es en este último punto donde nuestro sistema electoral falla potencialmente ya que no existe un sistema para que los elementos individuales (los electores) puedan reaccionar a cambios en el entorno motivados por la propia acción de sus semejantes. Un mercado de valores tiene capacidad de predecir el futuro (de reflejar lo bien o mal que va una empresa o elemento) porque los elementos individuales pueden ver que piensan sus semejantes y actuar (o no) en consecuencia. En las primarias norteamericanas, divididas temporalmente por estados (originariamente para que candidatos menores puedan hacer campaña en diferentes partes del país) vemos que el avance de uno u otro candidato hace reaccionar a las futuras oleadas de electores a favor o en contra. No es sorpresa, por lo tanto, que vayan siempre casi empatados hasta el final (Bill Clinton consiguió su nominación en Junio). En los sistemas actuales, las decisiones (a quien votar, si o no votar) han de tomarse *antes* de las elecciones y sobre unos preceptos imperfectos de apariencias electorales (los partidos movilizando al voto o sembrando la duda según les convenga la matemática electoral) por lo que este que escribe se pregunta (a las tres de la mañnana y en ausencia de información electoral) como cambiaria el panorama electoral si permitieramos que en tiempo real y de manera fidedigna se nos diga que esta votando nuestro país y cual es el trascurso de las elecciones durante la jornada electoral. ¿ Sería esta forma de agregación de información una solución al bipartidismo o a la desidia electoral que determina que las decisiones más importantes siempre recaigan en las manos de los pocos que no se confian lo suficiente como para hacer el esfuerzo de ir a votar? ¿Habría otras formas de agregación -separadas en el tiempo, en varias tandas- más efectivas? Y sobre todo, ¿Tenemos que seguir anclados en procesos democráticos del siglo XVIII con la que esta cayendo?
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