Basura Sagrada

EwS, SanFrancisco, burningman — EwS @ 3:49 am

Domingo. Ni me gusta el futbol ni me va a gustar en mi vida como nunca me ha gustado el chocolate y eso hace que la gente se horrorice a mi paso. De pequeñín cuando no tenía más remedio que jugar (colegio o presión social playera inaguantable para cualquier preadolescente) siempre me ponía de portero más que nada porque abultaba (con 12 años ya medía uno noventa) y porque podía pasarme el partido pensando en mis historias hasta que el balón regresara a portería. De todos modos este domingo me levanté a las 9 de la mañana a mi pesar porque no pillé el sueño hasta las 3 o 4 (rompí la regla que tengo de no leer no-ficción antes de irme a la cama, ya que se me va la cabeza en los pensamientos) y que el gato pasó la noche corriéndo por la cama, quizá emocionado por ser su primer cumpleaños con nosotros. Extrañamente lo que me impulsó a levantarme fue un raro sentimiento patriótico, llevaba una semana recibiendo insultos en alemán por el móvil gentileza de mi departamento en mi antiguo curro (donde todos eran alemanes) y tengo el alemán lo bastante oxidado para mandarlos a tomar por culo con elgancia. No hay nada como ciscarse en los muertos de alguien en la lengua patria, tan rica de matices para lo que nos interesa y tan sutil con el doble sentido que permite insultar y recibir sonrisas sin ningún problema. Una maravilla.

Como comenté no se nada de fútbol. Hay que meter el balón en la otra porteria y punto, por lo que fuí a El País a enterarme quién era quién, como viste cada uno y como nos había ido la cosa hasta entonces. Cabeza de ingeniero, quería saber cuales eran nuestros fallos, por donde nos la habían metido y cuales eran las características del equipo que hacía que mereceiramos estar en la final y que había que maximizar si queríamos ganar. Quería poder hablar de algo en el bar si se terciaba. Para mi sorpresa El País tenía un serie de gráficas del desarrollo de cada partido pero tan horriblemente mal hechas que salí pitando de casa media hora antes del comienzo prometiéndome que al a vuelta escribiría algo de ellas o que al menos intentaría mejorarlas.

Una gráfica temporal cuenta una historia. El tiempo avanza en la horizontal y una serie de variables cambian de valor según su recorrido. En el primer libro de Tufte “The visual display of quantitative explanations” se define una serie de reglas teóricas para analizar la calidad de las gráficas. La primera de ellas (el valor de mentira) es que el volúmen de cada una de las variables tiene que tener relación directa con el volúmen del valor que se permita representar y su diferencia (volúmen representado dividido por volúmen real) nos da un grado de mentira representado por la gráfica. Ojalá pudiera aplicarlo en este caso porque las variables no representan valor alguno, la gráfica simplemente es una escala graduada donde se muestran diferentes posibildades de juego suponiendo que para alcanzar el gol hay que pasar por todas las anteriores. La gradación es arbitraria -la distancia entre tiro a puerta y tiro fuera es la misma que entre penalti fallado y gol- y no muestra ningún valor que permita apreciar la tensión o superioridad de ninguno de los equipos (cuando tiempo pasó cada equipo en el campo contrario, cuantas veces y de que modo se acercaron a la portería, si estan jugando a tirarse o estan siendo demasiado violentos, como de forma natural se incrementan las intervenciones del árbitro conforme uno de los equipos ve escapar la victoria, etc…) y la gráfica, si uno hace el esfuerzo de obviar el órden y la graduación, se reduce a una enumeración de goles y faltas en una única dimensión que podría haberse descrito en la lista inferior.

Las visualizaciones cuentan historias y permiten razonar sobre los datos que se nos presentan. Son instrumentos que usamos para el análisis de grandes volúmenes de información mediante la identificación de patrones y tendencias. Una gráfica que visualizara cada uno de los jugadores con una variable que midiera la velocidad mostraría el cansancio de los jugadores o la acción que precede la entrega de una tarjeta (y la relajación que le sigue). El País mostró para colmo la pobreza esos datos en un formato cerradito a cal y canto, haciendo imposible la reutilización colectiva de los mismos en formatos y visualizaciones diferentes. TimeLine es un componente de la estupenda plataforma abierta Simile, creada por el MIT para la visualización y tratamiento de grandes volúmenes de información y volví del partido alegre como es normal, pero con la mente puesta en escribir lineas y lineas (tenía la tarde libre y echaba de menos el placer de escribir por escribir) sobre las bondades de los formatos abiertos y la cantidad de historias que pueden escribirse con pocas líneas de datos. Poco pensaba que una llamada 10 minutos más tarde mepondría de camino a cumplir uno de las pocas pocas cosas que me prometí un dia cumplir.

Cuando uno pasea por Black Rock City suele acabar en la caseta central de la ciudad. Siempre hay malabaristas, gente meditando o danzando y suelen entregarte unos panfletillos con el objetivo de crear un censo y estudiar la evolución de la población de la ciudad donde se pregunta de todo, desde el sexo (nueve diferentes, casi como en la ficción de Egan), nacionalidad, tendencias sexuales o el grado de implicación en la vida de la ciudad: turista, visitante, artista y el sentimiento de pertenencia a la misma que has tenido durante tu vida en el desierto. Siempre en ese punto pienso que pensar, llego, hablo, abrazo, pongo el hombro a quien necesita llorar y hago y recibo regalos pero nunca nunca he construido nada con mis manos que pueda colocar en medio de la ciudad para ver como sus habitantes lo exploran y disfrutan. Black Rock City es terriblemente hostil a los turistas y tu tendencia natural cuando tienes kilómetros de burning encima es a alejarte lo mas que puedas a ese estereotipo de dominguero.

Del arte que existe en la ciudad hay uno que siempre me ha llamado la atención: el templo y es al que le dediqué un pequeño monográfico en mi última vuelta. Es un sitio especial, muy al norte de la ciudad, lejos de las tiendas y las casas temporales, al norte de la figura central del hombre que será quemado y al que solo se puede llegar tras un largo paseo en solitario por el desierto, rumbo fijo y alejado del aislado arte que suele poblar la zona de desierto que queda al norte. El templo es de madera, siempre diferente. La construcción del primero comenzó hace algo más de una década cuando uno de los habitantes murió al ser arrollada su tienda por un vehículo mutante. La población se congregó en la zona más alejada y de forma inesperada comenzó a colocar tablas para construir un monumento a su memoria que quemarían en último día del evento. Desde entonces el templo es un lugar donde ir a recordar a los que se han ido, escribirles en las tablas mensajes y colocar las fotos de como fueron en vida. No es raro verlo lleno de gente con ojos llenos de rabia o de cariño, llorando o meditando y en unas de mis últimas visitas me horrorice sabiendo que uno de estos años sería yo el que colocaría una imágen y escribiría unas palabras en las tablas con la imágen casi certera de quien sería. Me horroricé y me acuerdo que casi poéticamente, en ese momento comenzó una enorme y horrible tormenta de arena que me dejó varias horas encerrado y agazapado codo con codo junto a los que lloraban a sus muertos, muchos de los cuales entonaron cánticos mientras parte de la estructura se caía a nuestras espaldas por la fuerza del viento. Cierta parte de mí sabía que de ese año no pasaba como intentaba siempre intentaba despedirme en cada visita que realizaba a la familia.

El templo se quema en el último ritual de la ciudad. Las fotos y los mensajes desaparecen y se funden mientras los que quedan se abrazan, recuerdan y se purifican. El templo cambia todos los años, las fotos y los mensajes son similares ya que la memoria es plana y tendemos a olvidar detalles pero no significados y la pena inicial pasa a ser ritual de acompañamiento a nuevas fotos y nuevas historias. El templo cambia en las vidas que retrata y en su forma, en su nombre y arquitectura y quien lo empezó decidió el año pasado que el peso sobre sus hombros era demasiado y que debía dejar paso a nuevos artistas con nuevas formas y nuevas visiones. Es una invitación a tomar en cierto modo el relevo.

El templo, como casi todo en Black Rock City cobra vida todos los años en la zona de San Francisco, al otro lado de la Bahía donde el sol brilla en verano, la tierra es barata y un Oakland deprimido se ve poblado de naves industriales y hangares enormes sin uso desde sus mejores tiempos que los artistas locales pueblan para crear el mundo que recrearán más tarde en las arenas del desierto. Cuando uno visita Black Rock city siempre escucha hablar de esos hangares pero la sensación de recorrerlos es increíble, las luces que entran por los cristales rotos se mezcla con los olores de pintura, aceite y soldaduras mientras recorres uno tras otros monumentos de años pasados (muchos de los cuales pasarán a formar parte de las esculturas y el mobiliario urbano de San Francisco) junto con obras de arte de los años venideros en diversos niveles de construcción. La sensación fue rara, cuando era niño mi padre decidió saciar mi sed de conocimiento y callar mis interminable interrogatorio (cuando tenía seis años la psicóloga de mi colegio me puso el mote de Don Preguntas tras mis continuas interrupciones) llevandome a ver el lugar donde guardaban las carrozas de las cabalgatas de los Reyes Magos. La decepción de la falta de lustre -los reyes son los padres y esas cosas- se mezcló con la alegría de la respuesta consumada y la sensación que tuve recorriendo esa nave de Oakland fue similar, veinticinco años más tarde, a la que tuve esa tarde. Las figuras son puro metal, descansan y son creadas y puedes recorrerlas, tocarlas y romperlas. Hablar con quien las ha creado y dar tu punto de vista, tus manos y tu visión en lo que miles de personas disfrutarán este año.

El templo de este año es diferente. Los templos hindues del perdon o del olvido pasan a ser una deconstrucción de los desperdicios de la humanidad. Basura Sagrada es una enorme construcción hecha de botellas, chapas de cerveza o latas de cocacola cortadas mezcladas con maderas arrancadas de armarios antiguos, cabeceros de cama o despojos de puerta de iglesia. Un templo quemable, limpio, creado con los detritus de la sociedad consumista norteamericana que cambia el oro y las joyas tradicionales con aluminio y cristal de despojo. Es el primer templo político producto del consumismo que mezclará las bendiciones, los cantos, las fotos y las historias de vidas pasadas con el reciclado y la destrucción de materiales que han tenido mil usos y pasados por mil manos inocentes del destino último de sus objetos.

La sensación de pasearse por los hangares y colaborar en la construcción de algo que uno cree (algo simbólico, que terminará siendo devorado por las llamas) no tiene precio. Con el uso, uno descubre con las canas que tiene valores escondidos o que se conocen y que son más importantes de lo que uno creía. Mi novia es vegetariana por su amor a los animales y sus principios de respeto a la vida y uno ha desarrollado un cierto amor a los esfuerzos de colaboración desinteresada, a la camaradería que se produce cuando trabajas por algo que crees no por el objeto que creas en sí, sino por la energía que vives y respiras mientras lo creas y sabes que nadie va a venir a preguntarte con cara de tonto que vas a sacar tu de ese trabajo. Muchos de mis compañeros ese día (y los días que quedan hasta su terminación) vivían en caravanas o autobuses dentro del hangar y vi a todos usando portátiles con linux, -tenían un sistema de voip para comunicarse entre hangares- dando un sabor a hackmeeting y esfuerzos que me remitian a epocas pasadas. Yo sonreía: hay cosas que simplemente son compatibles y personas que nacen de una determinada manera y se atraen y encajan con cierto tipo de esfuerzos.

Por si alguien le interesa, saqué varias fotos de Basura Sagrada y los despojos de epocas pasadas, Daniel Jung tiene otra galería mucho más artística y centrada en los miembros del colectivo.

Basura Sagrada
tiene un estupendo sitio web con el desarrollo del proyecto incluyendo una animación 3D del modelo del templo

Mi comentario del templo de 2007, el video de current me lo han cambiado de sitio

WDYDWYD

arte, burningman — EwS @ 11:14 pm

WDYDWYD es una galería donde los fotografiados responden a una única pregunta “Why do you do what you do?”

El proyecto comenzó como una serie de polaroids de una belleza increible tomadas en el desierto de Black Rock City en 2004 de la mano de Tony Deifell, un fotografo afincado en San Francisco que se dedica a dar clases (y publicar posteriormente) de fotografía a niños invidentes. El proyecto continuó durante tres ediciones de Burning Man acompañado de fotos de habitates del “mundo exterior” que anonimamente se sumaron a la iniciativa.

WDYDWYD (BM 2004)
Fotos de adolescentes ciegos
WDYDWYD en flickr

Decompression

EwS, Tecnonomadismo, arte, burningman — EwS @ 1:26 am

(wikipedia): One type of event is popular with those that find returning to the “default world” to be a little jarring after having enjoyed the experiences of the burn. To relieve this culture shock, burners may participate in Decompression events to recapture the spirit of the original event.

Dicen que lo mejor del regreso es la primera ducha. Para nada. La mierda se te queda en los poros y tras media hora bajo el agua la toalla que usas al salir sigue quedando negra del polvo que sigue saliendo de tu piel y al secarte sigues teniendo el pelo estropajoso y la piel de un color blanquecino que se te ha hecho tristemente familiar.

Lo mejor del regreso es el primer dia que despiertas en el mundo real. No sabes ni que ponerte y tus manos se van a las prendas con colorines, pelos, cueros y rotos. Sales a la calle y te asomas por la puerta mirando de reojo para los lados. Te alegras cuando ves una bicicleta porque piensas que estará llena de purpurina, peluches, música y que el que la monta irá desnudo del todo, pintado o disfrazado de maneras que jamás se te habrían ocurrido. Nada. Estas en el mundo real de nuevo y los coches son normales y la gente duerme y se despierta y trabaja y va al super y los animales de peluche no cantan ni persiguen en grupo a la gente que va en bici y en los grifos hay agua corriente y en los ojos de los vecinos que se cruzan de camino al trabajo ves que no eres el único que esta teniendo una curiosa forma de flashback. El efecto de irrealidad durará una semana.

La noche que llegamos un desconocido decidió acabar con su vida en el desierto y se ahorcó desde lo alto de su enorme tienda de dos pisos. Su cuerpo permaneció colgando rodeado de sus amigos, que charlaban y bebían admirando la supuesta obra de arte hasta que uno de ellos, en un raro ataque de realidad decidió intentar hablar con el muerto. Nos enteramos al día siguiente. Había conseguido teléfono e internet sin muchos problemas (encontré a alguien en mitad de la nada sentado con su laptop en el suelo, me hizo una cruz en el suelo y me dijo “aquí vas a tener Red, vuelve cuando quieras”), pero la información llegó vía un tradicional periódico que alguien desde dentro publicaba diariamente con alguna prensa llevada hasta el desierto.

La situación no es inusual en la atmósfera de surrealismo que rodea toda la experiencia. Te pasas mucho tiempo solo, ves demasiadas cosas que te hacen replantearte el sentido de tu realidad y cuando te has dado cuenta, tu mente asocia lo que vives dentro con lo que es la realidad (es lo mismo que sentí la primera vez que tromé un psicotrópico y no paraba de pensar que lo que veía era la realidad pura y clara) y ves lo de fuera, lejano y incomunicable, como un mal sueño que ha durado demasiados años.

La gente dice que Burning Man y Black Rock City estan hecha de la materia de la que se inspira el contador de cuentos y cuando llegue aqui me apresure a apuntar todas las barbaridades que había contemplado. Como en un sueño el contraste con la realidad es brutal y tu cerebro no aguanta experiencias tan divergentes por lo que poco a poco empiezas a despertar y olvidarlo todo, sospechando que es un sueño y un delirio que te dió la arena del desierto.

Black Rock City era una ciudad improvisada que durante ocho días albergó a casi 50.000 personas. Se construye en el desierto con lo que llevas formando calles concentricas cruzadas por radios con los nombres de las horas cuyo centro es el hombre que arderá la noche del Sábado. Las calles las forman tiendas, caravanas, autobúses de colegio reconvertidos en salas de masajes y cúpulas geodésicas que albergan clubs, chill outs, centros de meditación o de expansión de la mente, cafeterías, talleres o restaurantes. Todo es gratis y cuando quieres pagar haces regalos bien en forma de objetos (collares), bien en forma de cuentos, poesía, canciones o masajes. La gente sonríe mucho y no es raro tener, en medio del calor del desierto, una conversación profundísima con alguien a quien llegas a reconocer como tu soul mate para luego de repente dar un beso de mariposa y largarte como si nada hubiera pasado sabiendo que a esa persona no volverás a ver más.

Vas siempre en bici puesto que las distancias son enormes, aunque ves monociclos, zancos transformados para dar más agilidad a quien los lleva, coches mutantes, barcos pirata navegando por medio del desierto, autobuses de guía que muestran las bellezas de Black Rock, avionetas con paracaidistas que aterrizan en pleno desierto, cometas con cámaras pegadas para captarlo desde arriba y mucha mucha gente caminando desnuda por medio del desierto. La enorme zona de tiendas se queda atrás cuando te adentras en pleno desierto. Estas solo, el sol tiene un raro color amarillento y las sombras son larguísimas.

Burning Man es el contraste. El de los colores y los materiales de los vestidos con el desierto, el de la amabilidad de tus conciudadanos y lo intenso de la experiencia con las condiciones duras del desierto. El del día agradable, tranquilo, solitario y calurosísimo con las noches heladas llenas de música techno. El de las obras de arte enormes imposibles esparcidas por medio del desierto esperando ser quemadas. Burning Man es quemar y es fuego constante. El hombre que da nombre al festivar y la mayoría de arte que ves se quema como simbolo de la liberación de desprenderse de la materia. Ves a muchos de los participantes jugando con fuego de las maneras más imposibles, con botellas de propano, malabares o con la construcción de sus parques basados en fuego.

Me van a permitir tanta introspección e intimismo. Hay cosas que escribo porque necesito leerlas. Este blog ha sido (y será siempre) una especie de cuaderno de bitácora de un viaje que se esta prolongando bastante más de lo que esperaba en un principio y una manera tanto de comunicarme con quien se queda (o quien se ha ido lejos) como de mantener un registro de las maravillas que vea, sienta, piense o me sucedan. El efecto colateral es conocer gente maravillosa (muchos de los cuales acaban siendo amigos), recibir mails de personas en situaciones parecidas y ver como se concentra una pequeñisima comunidad capaz de mantener conversaciones, conocerse y ayudarse, por lo que el blog necesariamente toma otras formas -digamos más digeribles- pensadas en la gente que esta al otro lado, que curiosamente solo entró en la ecuación bastante más tarde en el proyecto. Es por ello que lo que empezó siendo un post enorme escrito durante una semana sobre las maravillas que he visto en Black Rock City y una enumeración casi obsesiva de cada pensamiento, sensación, recuerdo o meditación (cosas como que hago con mi vida o el significado de mi trayecto o mi pareja se me pasaban muchas veces por mi cabeza) quede limitada y reducida a una mucho más leíble serie de artículos temáticos sobre los aspectos más importantes del festival. Tendrán un tag y podrán pasar de ellos si quieren pero como muestra acabo de terminar el primero (sobre el templo, que veis abajo) y espero que vengan mas, cuando me siente, reflexione, ordene las notas y las fotos y tenga el valor de ponerme al teclado. Ustedes (y supongo que mis nietos cuando me lean) me lo agradecerán…. Aunque no lo parezca, hoy, una semana después de la quema del hombre, aún no he aterrizado del todo….

Burning Man 2007. Colección de fotos que he realizado.

El templo del perdón

David Best es un arquitecto viejo de pelo y barba blanca. Podría pasar por uno de esos ancianos que juegan a la petanca o al dominó en cualquiera de nuestras muchas plazas de no ser por su obsesión de construir mastodónticas catedrales usando maderas y materiales reciclados para despues quemarlas.

Él es uno de los “escultores oficiales” de Burning Man. Sus templos ocupan una parte preferencial de la breve vida de Black Rock City (un poco al norte del hombre, donde corresponderían las 12 en el reloj creado por las calles de la imaginaria ciudad) y su obra da sentido espiritual a la existencia de la ciudad y a las vidas de los que allí se acercan. Los templos o las catedreles son espacios de reflexión y meditación, sitios donde pasar las tormentas de arena y donde escribir o poner recuerdos de los que se fueron. El templo es un sitio donde uno se pone de lágrima fácil y tiene todo el desierto para alejarse, sentarse y pensar en lo poco que nos queda por delante. Ves gente llorando por todas partes y muchos cohabitantes recrean sonidos tristes con los instrumentos que llevan. Muchos meditan, otros se abrazan a desconocidos y la gran mayoría escribe sus pensamientos en las paredes de la gigantesca escultura.

Intentaba pasar muchas veces. Veía el templo crecer con las horas y llenarse de lemas, mottos, recuerdos, fotos y gente abrazándose. A todas horas del día y la noche había gente escribiendo cartas o enviando señas a los que se habían ido. Una de las veces me tocó una tormenta de arena y las horas las pasamos junto a un grupo que amenizó la falta de visibilidad con cantos espirituales africanos mientras parte del techo de la gigantesca estructura epezaba a resquebrajarse y caerse sobre nuestras cabezas. En todo momento reinaba una sensación atemporal de tranquilidad, alegría y desapego. Las paredes del improvisado edificio que nos servía de cobijo eran un recuerdo de la brevedad y simpleza de la vida y la necesidad de vivir intensamente cada momento.

David lleva haciendo templos en Black Rock City desde el 2000. Cada uno diferente, diseñado y construido a mano y con nombres únicos que los identificaban (templo de la mente, de las lágrimas o la Memoria, de la alegría, del Honor, de las estrellas y del perdón). Como casi todo en esta ciudad, los templos se queman la noche del último domingo (parte de la belleza de construir este tipo de arte es admirarlo sabiendo que no existira más que en la memoria). Los que aún no han realizado el éxodo de la ciudad se reúnen para contemplar como las llamas devoran madera, fotos y recuerdos mientras entonan cantos, rezos, meditaciones y sonidos en una de las ceremonias más emotivas e íntimas de la breve vida de la ciudad.

Además de en Burning Man, David Best construyó un templo en un jardín del pijo barrio de Hayes Valley en San Francisco en donde se casó según in rito hindú antes de prender fuego de nuevo a su obra. El templo del perdón ha sido el último que este artista sanfranciscano construirá en Burning Man. El año que viene se centrará en conseguir una comunidad estable de arquitectos que sigan su legado y diseñen zonas de meditación, recuerdo y reflexión par futuros festivales.

El video es parte del especial que Current TV ha realizado para el Burning Man de este año. Ya saben de las ampollas que me salen cuando algo corporativo se mezcla con cierto tipo de eventos, contaminandolos, pero es sin duda una de las mejores formas de ver en la distancia las maravillas que han existido y desaparecido en el desierto de Black Rock City.

Wikipedia: David Best
Wikipedia: Art Destruction, con menciones a Burning Man y los templos de David Best
Mi humilde selección de fotos de su obra de este año en flickr

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